El hecho histórico y político más importante del siglo XX en Bolivia ha sido, sin ninguna duda, la Revolución Nacional de 1952, no solamente por el cambio en la estructura política y económica que representó, sino también por el desafío que enfrentaba: promover un cambio social mediante la inclusión de la población indígena a la actividad económica y política. A más de 60 años de la reforma, es importante cuantificar hasta qué punto permitió a la población indígena incrementar su stock de capital humano e integrarse a la vida productiva moderna. Cuantificar dichas ganancias es vital para entender la trayectoria económica boliviana a lo largo del siglo XX y principios del siglo XXI. Dos fenómenos llaman la atención: (i) a nivel macroeconómico, se experimentó un salto de productividad durante el periodo 1958-1978 que
explica el importante crecimiento que tuvo la economía durante ese periodo, y (ii) a nivel microeconómico, las brechas en términos de años de escolaridad y de alfabetismo se cerraron de modo paulatino tras la reforma educativa de 1955, tanto por género como por etnicidad (entre indígenas y no indígenas). A pesar de su importancia, esos hechos y su relación no han sido estudiados desde lo empírico.

 


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